miércoles, 23 de noviembre de 2011

Recordando el pasado

Hace más de 30 años mis abuelos, mis padres, mis hermanos y yo salíamos algunos domingos estivales a pasar el día en plan pic-nic con la tortilla de patatas y los filetes empanados, tradición muy habitual en aquellos años y que en la actualidad perdura pero quizás en menor grado.

Uno de los sitios que más visitábamos era La Junquera, en la zona de Pedreña (Marina de Cudeyo) lugar muy apreciado por mi padre, aficionado a la pesca, que "tiraba la caña" desde un murete que allí había para ver si una lubina o dorada mordía el anzuelo.

Estaba claro que dicho lugar es una porción más de tierra ganada al mar, cosa que durante siglos se ha venido haciendo en nuestra hermosa Bahía de Santander. Por aquellos tiempos la única infraestructura existente era el Campo de Fútbol de Marina de Cudeyo y el resto de ese espacio era un compendio de prados, rellenos y pequeñas charcas salobres formadas por el agua del mar que entraba o salía descubriendo lo que en su día era la marisma y que de manera un tanto "artificial" seguía siéndolo.

En aquellos tiempos yo no era aficionado a la observación de aves como lo soy ahora pero siempre me ha encantado la fauna y la naturaleza y me producían mucha curiosidad los numerosos bandos de pájaros que invadían estas charcas a finales de Agosto y principios de Septiembre cuando la marea subía y que se alimentaban, volaban, descansaban o corrían por el limo que aun permanecía descubierto antes de que el agua lo cubriera o entre las plantas y arbustos que allí había.

Hoy en día han cambiado muchas cosas. Las charcas salobres y los prados de La Junquera son hoy un campo de golf, el murete es un bonito paseo desde el cual se puede disfrutar de nuestra bonita bahía, mi padre y mis abuelos ya no están conmigo y ya no se ven esos "pajaros de la marisma".   

Hay una zona pegada al embarcadero de Pedreña (Marina de Cudeyo) formada por un espigón de piedras llamado Punta del Rostro. En los meses otoñales e invernales, cuando la marea está alta, es un estupendo lugar para observar limícolas dado que se producen unas magníficas concentraciones de éstos aprovechando esta infraestructura para descansar a la espera de que la marea baje. Es pasado domingo 20 de Noviembre me acerqué a este lugar con mi buen amigo Angel Ruiz Elizalde y aunque el tiempo no era muy bueno disfrutamos un buen rato de los numerosos Correlimos Comunes (Calidris alpina) y Chorlitejos Grandes (Charadrius hiaticula) que allí se encontraban junto con un par de Vuelvepiedras (Arenaria interpres) y tres ejemplares de Correlimos Tridáctilos (Calidris alba).


Foto que da una idea de la concentración de limícolas que había 


Los Correlimos Comunes se encontraban más alejados
de nuestro punto de observación ... 




... que los Chorlitejos Grandes, que se mostraban más confiados. 


Una Garceta Común entre los limícolas


Hoy en día ya se que esos "pajaros" que antaño veía y no distinguía son los diferentes limícolas que nos visitan en la temporada otoñal e invernal y que conozco y distingo ya a la perfección. Han encontrado en este lugar un sustituto al terreno que se les arrebató hace muchos años para descansar a la espera de la bajamar. Siguen concentrándose cientos de éllos y al observarlos mis pensamientos retroceden 30 años cuando en este pueblo y no muy lejos de aquí estaba con mi familia de pic-nic, pescando con mi padre y viendo esas concentraciones de "pájaros de marisma" a finales del período estival.

Un saludo desde Cubas (Ribamontán al Monte)

2 comentarios:

  1. Pues sí, Javier. De vez en cuando, a todos se nos vienen a la mente vivencias de la infancia que nos hacen pensar en lo mucho que ha cambiado todo a nuestro alrededor y, en muchos de los casos, no para bien. Habrá que esforzarse en conservar lo que tenemos, pues es lo que toca. Un saludo desde Pucela.

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  2. Precioso relato Javier. Que tiempos aquellos. Un saludo

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